Lo ‘smart’ es pasar de pantalla

Como el resto de pescadores de la región de Kerala, en la India, Babu Rajan tenía como medio de supervivencia sus redes y la posibilidad de vender sus capturas en el puerto más cercano a un grupo reducido de compradores. Por supuesto, siempre antes de que su mercancía se deteriorara por el fuerte calor que impera en la costa.

Todo cambió el día que nuestro hombre decidió realizar una inversión, muy considerable en ese momento, y adquirir un teléfono móvil. De repente, Babu podía obtener la mejor oferta en tiempo real desde alta mar, conocer el precio del combustible y la tasa de atraque en los distintos puertos, la captura realizada por los demás pescadores, etc., y en función de toda esta información, decidir a qué puerto arribar, maximizando el valor de su captura, minimizando sus riesgos y aumentando su productividad.

smartcities

Cualquier economista le diría que la economía, y en definitiva, la creación de valor, se reducen en buena medida a la óptima gestión de la información. Pues bien, el mundo Smart eleva a la enésima potencia esta afirmación. Este mundo se sustenta en dos pilares fundamentales: miles de millones de dispositivos conectados que comparten información y los sistemas y procesos adecuados que permiten tomar decisiones ágiles en base a esta información. Por lo tanto, manejaremos más información que nunca y la gestionaremos mejor que nunca.

Siendo esto así, ¿cuál es el motivo de esta aparente frustración por no alcanzar las expectativas iniciales?, ¿realmente existe la oportunidad de convertir todas esas capacidades en servicios de valor?, ¿en qué ámbitos y por qué motivos?, ¿para quién?, ¿cuáles son los tractores y detonantes fundamentales?, ¿qué está fallando en las experiencias actuales para alcanzar su máximo potencial?

Desde hace años se producen movimientos en todo tipo de ámbitos (Smart Cities, Smart Energy, Smart Automotive, Smart Home y un largo etcétera de experiencias smart) que intentan convertir la promesa Smart en realidad. Sin embargo, no se han obtenido avances realmente significativos, ni mucho menos exponenciales, como los analistas habían pronosticado.

Gran parte de los movimientos actuales se han basado en aproximaciones piloto, orientadas a probar la tecnología, o con enfoques basados únicamente a la obtención de eficiencias en determinados procesos. Los distintos modelos de ciudades inteligentes que existen en la actualidad, están en gran medida orientados a la temática del sector al que pertenecen las principales empresas que lideran la iniciativa (eficiencia energética, gestión del tráfico, seguridad, etc).

Por otro lado, el sector privado se ha limitado a utilizar las posibilidades que ofrece esta nueva tecnología para optimizar sus procesos o para cumplir requerimientos regulatorios.

Son los pasos obvios cuando nos enfrentamos a un mundo tan innovador como es este, pero tenemos que “pasar de pantalla” y este paso lo tenemos que dar todos juntos. Y lo tenemos que hacer juntos, porque la siguiente “pantalla” no existe. Nos la imaginamos, la deseamos, la proyectamos, cada uno desde nuestra posición, pero esta “pantalla” sólo se hará realidad si la creamos entre todos.

Aquí es dónde está el mayor enemigo del mundo smart. Nuestras organizaciones, tanto públicas como privadas, han llegado a ser lo exitosas que son en base a una forma de innovar y de desarrollarse muy endogámica. Si ha ido bien, ¿por qué cambiar?

Esta forma de ver las cosas no es válida en este nuevo mercado. Si esperamos para mover ficha a que el mercado nos lo exija, nos pasarán dos cosas: llegaremos tarde y, peor todavía, retrasaremos la evolución global de un mercado destinado a crear mucho valor a la sociedad.

Hagamos entre todos una apuesta firme y decidida. Impliquémonos de forma activa en el diseño de la nueva “pantalla”. Hagámoslo conjuntamente con el resto de actores del ecosistema, incluso con aquellos a los que tradicionalmente hemos considerado nuestros competidores. Y hagámoslo estando dispuestos a perder para ganar, es decir a perder parte del control sobre la cadena de valor pero siendo conscientes de que así el tamaño de este mercado será mucho mayor. Pongamos en valor nuestras principales fortalezas y sumemos fuerzas.

Si lo hacemos así, seguro que conseguiremos que la nueva “pantalla” satisfaga las expectativas generadas. Conseguiremos que las distintas industrias sean más Smart, más eficientes, más competitivas, más sostenibles. Aparecerán nuevos modelos de negocio que nos permitirán monetizar activos que hasta ahora ni sabíamos que teníamos.

Conseguiremos unas administraciones públicas capaces de hacer más con menos, de invertir nuestros impuestos más eficazmente. Conseguiremos unos servicios de alto valor para el ciudadano y para el usuario en general por los cuales estará dispuesto a pagar. Todo ello sin requerir inversiones imposibles a día de hoy. Simplemente ejerciendo de dinamizadores de este mercado, regulando y utilizando las herramientas de las que disponen para acelerar al máximo este desarrollo.

Conseguiremos el desarrollo de una nueva industria tecnológica y de comunicaciones que soporten esta realidad. Conseguiremos que el tejido de emprendedores y start-ups se incorporen al ecosistema y acerquen el potencial del mundo smart al usuario final. En definitiva, conseguiremos un mundo smart con oportunidades para todos.

Babu consiguió cambiar el ecosistema de la pesca en Kerala. Saquemos todos el Babu que llevamos dentro, innovemos colaborativamente y convirtamos esa promesa de valor en una realidad.

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